ALICIA EGUREN, una mujer en la política argentina.
por Juan Carlos Jara
Esta “peronista histórica”, como ella misma se definía en 1971, fue poeta, docente y periodista pero, ante todo, fervorosa militante de la causa popular. “Enérgica, de fuerte carácter, se entregaba a la lucha con pasión, dándolo todo sin pedir nada. Si algo pudo criticársele alguna vez fue precisamente pecar de voluntarismo y orillar posiciones de ultraizquierda que su compañero –John William Cooke- se esforzaba por contener”.(Norberto Galasso).
Nació en Buenos Aires en 1924, según algunos autores; en 1925, según otros.
Su padre, Ramón Eguren, era un yrigoyenista de raíces federales que luego de 1930 simpatizó con las banderas nacionalistas. Ella también lo hace, militando en la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios. Después de 1945, al aparecer el peronismo, padre e hija se suman al nuevo movimiento.
En 1946, en un acto del C. U. A. (Centro Universitario Argentino), dirigido por Ricardo Guardo, conoce a Cooke, con quien no volverá a encontrarse hasta casi diez años mas tarde.
Por ese entonces, Alicia estudia en Filosofía y Letras, milita políticamente y publica poemas de estilo neorromántico en el periódico literario “Nombre”. En 1949, junto al escritor rosarino Armando Cascella, funda y dirige la revista “Sexto Continente”, especie de contracara latinoamericanista y nacional de la exquisita “Sur” de Victoria Ocampo. La línea editorial de la revista se basaba en la convicción de que “la América Latina constituye, por sí, un continente indiviso y perfectamente diferenciado, cuyo porvenir inmediato es el de gravitar considerablemente como unidad económica y como ente espiritual en los destinos del mundo contemporáneo”. En la publicación, de vida bastante efímera, colaboran personalidades importantes: José Vasconcelos, Carlos Montenegro, Jorge Icaza, y Josué de Castro entre los latinoamericanos y Carlos Astrada, Arturo E. Sampay, José Maria Rosa y Orestes Di Lullo, entre los argentinos.
Por esos años, la joven escritora publica varios libros de poesía: “El canto de la tierra inicial” (1949), “Dios y el mundo” (1950), “El talud descuajado” (1951), “Aquí entre negras espigas” (1952). Su poesía de entonces está impregnada de un marcado sentimiento religioso. Así inicia su “Canto a la Argentina”: “Hoy comienzo a cantarte, / tierra, en el orden puro, el que sin prisa, / quizás llegará a darte/ la luz que profundiza / en cada hombre la armonía de la misa”.
En 1953 se casa con el diplomático Pedro Catella, con quien tiene un hijo. La pareja vive un tiempo en Inglaterra y se separa poco después.
Estrechamente vinculada a la militancia política, a raíz de los bombardeos “gorilas” del 16 de junio de 1955 se presenta ante “El Bebe” Cooke, por entonces interventor del partido peronista de Capital Federal, y se pone a su disposición, ya que lo estima un “hombre de pelea”.
En setiembre de ese año se produce el derrocamiento de Perón y tanto ella como Cooke caen presos de la llamada Revolución Libertadora. Cooke en el resurrecto penal de Ushuaia y Alicia en la cárcel de mujeres de Lisandro Olmos. Cuenta el periodista Martín García que, durante el cautiverio, cuando era llevada junto a Lala Marín, otra célebre militante, a declarar ante las autoridades que requerían, para reducirles la pena, que abjurasen de su credo político, “iban a las entrevistas cantando la marcha peronista, por lo que, ni siquiera llegaban a dar su testimonio y las volvían a encerrar”.
Desde la cárcel, donde permaneció casi dos años, Alicia mantendrá un profuso vínculo epistolar con Cooke, hasta que, al recuperar la libertad, se traslada a Santiago de Chile para unirse a él, quien acaba de protagonizar una sonada y novelesca fuga del penal de Río Gallegos, junto a otros dirigentes peronistas. Ya Perón lo había nombrado su representante personal y potencial “heredero”.
Promediando 1957, Alicia viaja a Caracas con la misión, encomendada por Cooke, de hacer llegar al General exiliado un extenso informe acerca de la situación argentina y el consiguiente plan de acción a desarrollar con vistas a la insurrección popular contra el gobierno de facto. A su vuelta, a mediados de setiembre, en la capital chilena formaliza su unión matrimonial con Cooke, pocos días antes de que éste vuelva a prisión una vez más. “El Bebe”, en carta a Perón, comentará entonces: “nuestro matrimonio sigue el ‘factotum’ de nuestra extraña relación: nuevamente estamos presos, después de una luna de miel de exactamente siete días… Estamos acostumbrados a la persecución…Así que eso no nos hace mella”.
A fines de ese año, la pareja parte hacia Caracas para ultimar con el líder justicialista los detalles del controvertido pacto Perón-Frondizi, que llevará las firmas de éstos, de Frigerio y de Cooke.
Gracias a los votos peronistas, Frondizi gana las elecciones y poco después, ya en el poder, se olvida de casi todas sus promesas preelectorales. Con la claudicación del jefe de la UCRI plenamente consumada, y aunque la resistencia obrera y popular no ceja, la dirigencia peronista tradicional comienza a retomar posiciones en el movimiento. Alicia y Cooke (que sigue siendo representante de Perón en la Argentina, pero cada vez más mediatizado por los dirigentes burócratas y conciliadores) apoyan, en enero del ’59, la ocupación obrera del frigorífico “Lisandro de la Torre” y la huelga general declarada a raíz de esa lucha.
La derrota de ese movimiento será un golpe fuerte para el matrimonio cada vez más enrolado en la “línea dura” del peronismo.
Según algunos testimonios, en esos días Alicia habría colaborado en la organización de la toma del destacamento policial de Alto Verde, Tucumán, dirigida por el comandante “Uturunco” (nombre de guerra de Juan Carlos Díaz), uno de los primeros intentos de guerrilla rural en la Argentina.
Lo cierto es que, al año siguiente, invitado por el Movimiento 26 de Julio, el matrimonio Cooke viaja a la Cuba de Fidel y el Che. Si al principio existe algún resquemor mutuo, dado la desconfianza de algunos cubanos por el peronismo, pronto todo recelo se disipará. Los propios enemigos del peronismo, al fin de cuentas (desde Álvaro Alsogaray hasta el mismísimo Spruille Braden), son los que ahora se ha sabido ganar la revolución cubana, que ya ha dado importantes pasos hacia una estructuración socialista de su economía. Los Cooke adhieren fervorosamente a ese proceso, formando parte de las milicias, dando conferencias y colaborando en distintas publicaciones revolucionarias de la isla.
A principios de 1961, con las armas en la mano, participan en diversos puestos de combate de la “Operación Muerte al Invasor”, rechazando –luego de 72 horas de dura lucha- el ataque de las fuerzas imperialistas procedentes de Estados Unidos. El fervor revolucionario de Alicia es tan grande que algunos cubanos recuerdan hoy que, en los sucesos de Bahía de los Cochinos, ella tenía un grado miliciano superior al de su compañero, quien, por su parte, no se destacaba precisamente por su falta de arrojo y espíritu de lucha.
Una vez lograda la victoria, el reencuentro de Alicia y Cooke constituirá –dice un autor- “uno de los momentos más felices de sus vidas”.
Pero los Cooke no dejan de pensar continuamente en la Argentina y sueñan con que el proceso revolucionario que ven deslizarse promisorio ante sus ojos pueda ponerse en marcha también en su patria chica. Así, a fines de 1963, regresan a Buenos Aires, donde fundan poco después una pequeña agrupación no desgajada del tronco del movimiento: la “Acción Revolucionaria Peronista”. Desde allí bregarán – señala Norberto Galasso- “para conformar una vanguardia capaz de entroncar con sectores obreros y posibilitar una acción política dirigida a crear condiciones para la insurrección popular”.
En esa perspectiva participan, en 1967, de la conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad con la Revolución Cubana (OLAS).
Pero 1968 resulta luctuoso, ya que el 19 de setiembre, a los 48 años, se apaga la vida del “Bebe” Cooke, fuerte golpe que, sin embargo, no aplaca el fervor revolucionario de Alicia.
Pronto va a colaborar en el periódico “Con Todo”, dirigido por Bernardo Alberte y Mabel Di Leo y en la elaboración del documento conocido como “Estrategias y tácticas revolucionarias”, presentado en 1969 en el congreso fundacional de la Tendencia Revolucionaria Peronista, llevado a cabo en Córdoba.
En 1972, Alicia selecciona y publica la correspondencia mantenida entre Perón y Cooke desde 1956 a 1966, testimonio insoslayable para entender la historia política argentina de aquellos convulsionados tiempos.
Al año siguiente brinda su apoyo a la candidatura y luego al efímero gobierno de Héctor J. Cámpora, al tiempo que participa en la revista de izquierda “Nuevo Hombre”. “A lo largo de este proceso –dirá Mabel Bellucci- , sus lugares de inserción en el movimiento peronista no quedan aún muy esclarecidos. Tan es así que se evoca una multiplicidad de espacios de pertenencia política a la vez: Montoneros, Fuerzas Armadas Peronistas, Peronismo de las Bases y Partido Revolucionarios de los Trabajadores”.
No hay dudas, sin embargo, de que en 1972 participa en el acto del peronismo de las Bases, junto a Rodolfo Ortega Peña, realizado en la Federación de Box.
Producido el golpe de 1976, fue secuestrada, en plena vía pública, por un grupo de tareas de la Armada. El ominoso hecho sucedió el 26 de enero de 1977 en el barrio de Boedo, donde Alicia vivía con su madre.
No se sabe la fecha exacta de su muerte pero sí se conoce que fue torturada en la ESMA y finalmente arrojada desde un helicóptero al río de la Plata. A manera de epitafio podrían haberse acuñado estas palabras de su compañero de sueños y de luchas: “en la medida en que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que continúen esa militancia”.
(Publicado en "Barajar y dar de nuevo" Nº 3, abril 2008, periódico del Instituto Superior Dr. Arturo Jauretche, de Merlo, Provincia de Buenos Aires)
